14 de mayo de 2008

El papel no tiene quien lo escriba

El domingo pasado, en uno de los muchos ratos que estuve despierta de camino a Arizona, tuve la oportunidad de leer en El País Semanal el artículo de Maruja Torres titulado Caligrafías muertas. Para los que nos pasamos la mayor parte del día leyendo la pantalla del ordenador, disponer de unas horas para disfrutar la lectura de un libro o un periódico es un placer inigualable, aunque éstos nos recuerden que el universo de las letras está dejando de ser lo que era.

Dicen que las nuevas generaciones han perdido el gusto por la palabra impresa. Pero el cambio va más allá. Como comenta Maruja Torres, todos estamos descuidando a marchas forzadas el contacto con la caligrafía (tanto la propia como la ajena). Nos cuesta escribir a mano. Pedimos a nuestros alumnos que entreguen sus trabajos escritos en el ordenador. Escribimos más que antes, de eso no hay duda, pero para ello cada vez utilizamos menos el bolígrafo y el papel. En consecuencia, ya no conocemos la letra de nuestros amigos ni la de nuestros compañeros de trabajo. De ahí que sucedan situaciones tan curiosas, como la que relata Torres en su columna, en las que somos incapaces de reconocer quién nos deja una nota manuscrita debajo de la puerta a no ser que esté firmada.

Ejemplo de nota manuscrita anónima vía Valdeavero.

Ni que decir tiene que a muchos les inquieta esta pérdida. Los profesores de colegios e institutos se quejan de lo mal que escriben sus alumnos y culpan de ello a los ordenadores. Los padres no entienden por qué sus hijos no quieren elaborar primero un trabajo a mano alegando que luego lo van a tener que pasar al ordenador. Cada vez somos más dependientes de la computadora para escribir.

Otros, sin embargo, proponen soluciones drásticas como abandonar totalmente la enseñanza de la escritura a mano (por lo menos la de la conocida en EE. UU. como letra cursiva) y sustituirla por la introducción temprana de la enseñanza de la escritura en el ordenador. Prolíficos escritores como Ian Jukes, quien presume de que a pesar de que nunca tuvo una buena caligrafía ya lleva un montón de libros y artículos publicados, no se espantan ante las quejas del profesorado sobre lo mal que escriben los estudiantes.

Sin embargo, hay razones de peso, más allá de la nostalgia por el contacto personal, la curiosidad por averiguar los rasgos únicos de la caligrafía de un amigo o el placer estético que produce la lectura de una bella letra, para seguir defendiendo la importancia de la enseñanza y práctica de la escritura a edades tempranas. La relación entre el desarrollo cognitivo y la escritura a mano ha sido demostrada por investigadores como Steve Graham, de la Universidad de Vanderbilt. Otros estudios de este mismo autor han verificado que existe una relación causal entre la escritura a mano y la habilidad para escribir.

¿Sería, pues, Jukes capaz de publicar tanto si sólo le hubieran enseñado a escribir en el ordenador? Nunca lo podremos saber. Sí se ha comprobado que las personas que escriben mucho (y bien) en el ordenador son capaces de volver a escribir a mano con casi la misma fluidez si se ven obligadas a hacerlo--aunque el estudio (Collier & Werier, 1994 [o 1995 según otras fuentes]) al que me refiero se realizó hace más de 10 años, con lo cual quizá sus conclusiones no se puedan aplicar a las generaciones que llevan más años escribiendo en el ordenador que a mano.

En cualquier caso, me parece prudente terminar citando literalmente la recomendación que hace Maruja Torres a todos los nostálgicos de la caligrafía:
Hay una forma de hacerse con la letra de las personas sin que parezcamos extravagantes:
–¿Tienes correo electrónico?
–Sí, claro, por aquí tengo una tarjeta…
–No importa, mejor me lo escribes aquí. Mira, yo te escribo el mío en esta hoja.
Es poco, ya lo sé. Pero es mejor que nada.

4 comentarios:

Martín Núñez dijo...

Saludos Esperanza, desde esta lado del "charco".

Gracias por darte cuenta de "fallo" en el link de La fragua del Tic.

Por cierto muy interesante tu artículo sobre la escritura a mano: "el papel no tiene quien le escriba". Yo personalmente no soy un nostálgico, pero...a veces lo echo un poco de menos.

Saludos

Carlos G. Casares dijo...

¡Vaya! Imagínate que llegamos a vivir 100 años (como la canción de Sabina). Tu post me ha hecho imaginar:
"Año 2108, sólo los más ancianos recuerdan el antiguo arte de la caligrafía. Al practicarlo con sus manos temblorosas y marchitas los jóvenes les miran estupefactos como quien observara hoy a alguien tratando de hacer fuego mediante el choque de dos piedras".
La escritura se ha independizado del papel como en su día lo hizo de la pluma y mucho antes del papiro.
Bye bye handwriting...

eL MAQUINISTA... Jesús Galera Peral dijo...

Para mi es triste que la caligrafía se pierda. ¿Alguien ha tenido la curiosidad de ver cómo escribian los autores que le gustaban? yo he tenido esa curiosidad y cuando he logrado ver su caligrafía me ha resultado más atractiva su literatura. El proceso creativo en la escritura es más apreciable a través de la caligrafía: sus manias, sus tachones, las notas en le lateral, lo que no se utilizó, ... Muy interesante el apunte. Un saludo, Jesús.

Septem Trionis dijo...

Es cierto, cada vez escribimos menos a mano ... hasta tal punto que , cuando lo tengo que hacer, se me hace rarísimo. De todas formas no sé hasta qué punto lo echo de menos, acababa con la mano destrozada ! :)