15 de enero de 2013

Te nos has ido, Ana

Conocí a Ana Martínez-Lage, o mejor dicho a dos de sus hermanos y a su cuñada, en el verano de 1994. Me habían concedido una estancia breve de investigación en George Mason University (Fairfax) cuando todavía era estudiante de doctorado en la UNED, y Ana, sin conocerme de nada, se ofreció generosamente a acogerme en su apartamento. Ella no estaba allí, pero sí su familia. Por aquel entonces ella trabajaba en GMU pero los veranos la invitaban a la Escuela de Verano de Español de Middlebury College. No me quedé muchos días en su casa pero el verano siguiente tuve oportunidad de repetir estadía en Mason y de conocerla cuando regresó de su estancia en Middlebury. Ana era una mujer con un gran carisma: inteligente, mordaz, divertida y muy guapa. Me animó a pedir la plaza de profesor de español que sacaron en GMU y cuando me la dieron en 1996 y le confié mis dudas sobre mudarme a Estados Unidos, me convenció fácilmente diciéndome con una gran sonrisa “no me hagas esto ahora”. Ella había obtenido una plaza en Middlebury y no quería dejar huérfano el departamento en GMU. Pidió una excedencia pero cuando se le terminó, decidió quedarse en Vermont. Y yo en GMU. Siempre bromeábamos al respecto.

Pasaron los años. En agosto de 2002 tuve la oportunidad de pasar con ella una semana magnífica en Río de Janeiro. Las dos presentábamos en el congreso de AATSP. Con su compañero de departamento Llorenç Comajoan y otras personas que conocimos allí recorrimos las calles y playas de Río como si fueran nuestras. Nos apuntamos a un curso de brasilero para hispanohablantes por las mañanas y por las tardes practicábamos en todas las tiendas y con todos los lugareños que se nos acercaban. A Llorenç le engañamos diciéndole que habían cerrado la playa de Ipanema debido al viento. Y en la cena de clausura del congreso dejaron un autobús hasta última hora de la noche para llevar al hotel a los rezagados. Ana, Llorenç y yo estábamos entre ellos. No paramos de bailar, reír y disfrutar. Qué poco sabíamos entonces de lo que se le vendría a Ana encima poco tiempo después.

En julio de 2003 me invitaron por segundo año consecutivo a la Escuela de Verano de Middlebury. Pero no coincidí con Ana porque estaba pasando las vacaciones en su Pamplona natal. Meses más tarde me enteré del primer zarpazo que el cáncer le había propinado. Pero salió adelante. Luego vinieron más y más ataques, sin apenas tregua. Como alguien ha escrito en su Facebook, fue una lucha para los anales porque ella nunca se dio por vencida.

Y es este recuerdo de una mujer magnífica, luchadora, amable, comprometida, sonriente y honesta, unido a todo lo que hizo por todas las personas que la rodeaban, lo que nos va a ayudar a superar lentamente la profunda tristeza que nos deja su ausencia.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Esperanza,

Gracias por escribir una nota tan bonita sobre Ana. Fíjate que de los muchos recuerdos que me quedan de Ana no me acordaba de este y ahora lo voy a conservar como algo precioso. Ana fue una magnífica persona que nos hizo a muchos más inteligentes y más personas.

Llorenç

eRoman dijo...

Al final encontré ayer por la noche las fotos del congreso de Río y del Rodizio aquel al que nos llevaron pero me dio cosa ponerlas aquí, aunque me sirvieron de inspiración para esta notita. Ana salía en todas con una sonrisa preciosa.

Cuídate mucho, Llorenç, y disfruta todo lo que puedas de la vida, que ya ves los palos que nos da.

Liria Evangelista dijo...

Gracias, Esperanza, por publicar estos recuerdos y esta semblanza de nuestra queridísima Ana. Ella fue la primera cara que encontré al llegar a Middlebury en el fall del 96. Fumábamos en ese entonces, y debo agradecerle al cigarrillo los cimientos de una amistad que sobrevivió a los años y a las distancias. Me queda el consuelo de que pudo cumplir su sueño de conocer Buenos Aires. Estuvo con nosotros --con Claudio y conmigo, con mis hijos-- en el 2010. Coincidió con los festejos del Bicentenario. Caminamos, charlamos, estuvo en casa comiendo empanadas y riéndonos. Se fue una gran amiga de la que admiré su enorme fortaleza, de verdad. Pocas veces ví una pelea tan fiera, hecha con tanto amor, y con tanta sensibilidad e inteligencia.
Llorenc, te mando un abrazo también!
un beso grande
Liria

eRoman dijo...

Gracias, Liria, por compartir con nosotros tus recuerdos de Ana, quien siempre será un referente para todos nosotros.

Además que entrañable es saber que Middlebury ha sido la cuna de tantas amistadas a lo largo y ancho de este mundo.

Un beso muy fuerte y salúdame a Gloria también,

Esperanza

Karen Santana dijo...

Encontré a Ana Martinez Lage en un libro de aprendizaje de sueco y me llamó la atención que hace referencias de el importante aporte a la enseñanza y aprendizaje de un segundo idioma.
Me dió mucha pena Cuando leí que ya no está entre nosotros.
Descansa en Paz Ana.