1 de julio de 2008

¿La realidad es lo que es, lo que vemos o lo que verificamos?

Acabo de escuchar la charla que Downes dio en Madrid dentro del marco del congreso Internet en el Aula. Dado que en muchos otros blogs ya se ha resumido y alabado, con razón, el contenido de su discurso, me resulta más interesante dedicar el artículo de hoy a explicar una de las ideas de Downes que más me ha hecho pensar: la distinción entre la verdad y la ficción (uso las palabras de la intérprete a la espera de algún alma caritativa me indique cómo puedo acceder al audio en inglés de la charla).

Para Downes es una prioridad que nuestros alumnos y nosotros como docentes aprendamos a distinguir la verdad de la ficción. Consciente de la existencia de mucha información de dudosa fiabilidad y de la dificultad para encontrar las mejores fuentes entre la inmensidad de recursos de la Web, Downes plantea como solución el establecimiento de redes y la colaboración entre sus miembros. Me parece una opción viable para personas que, como él o como yo, disponemos del tiempo (o nos las arreglamos para conseguirlo durante una tediosa reunión o a costa de las horas de descanso), recursos, conexiones y conocimientos necesarios para mantener estas redes y usarlas para cotejar los contenidos que nos parecen cuestionables.

Claro que en muchas ocasiones la información no nos parece cuestionable, bien por la fuente de la que procede —en la que confiamos debido a nuestra experiencia pasada o por lo que dicen los demás— bien porque concuerda con nuestra visión del mundo y, por lo tanto no perdemos el tiempo en verificarla. Es entonces cuando cualquiera puede meter la pata.

En realidad, a mí no me importa mucho que nos cuelen a los intelectuales algunos goles de vez en cuando (perdón por el símil futbolero, que seguro que ya cansa por algunas latitudes). Si sucede, hay que ser humilde, admitir que nadie es infalible y corregir los errores en cuanto se es consciente de ellos. De lo contrario, y sobre todo en nuestra querida web social, se corre el peligro de contribuir a que una información que no es cierta se convierta en poco tiempo en la verdad más creída o la noticia más votada simplemente porque ha sido reutilizada por personas que gozan de cierto prestigio entre su comunidad de lectores o espectadores. No hay que olvidar que las personas que no tienen tiempo para cotejar contenidos, ni para mantener contactos con sus amigos dispersos por todo el mundo con la frecuencia que desearían, suelen confiar en ciertas fuentes porque suponen que hay rigor científico y honestidad detrás de las opiniones o datos que éstas distribuyen.

Admito que hay cuestiones que no son ni verdad ni mentira, sobre las que cada uno es muy libre de tener su propia opinión y defenderla. Pero todos los días me encuentro con muchos, demasiados, ejemplos de informaciones, supuestamente objetivas, a medias, de datos incorrectos, de plagios que claman al cielo ante los que nadie se atreve a decir nada. Como si se pensara: “yo y mi red de amigos nos dimos cuenta de que esa fuente no es válida pero no vamos a hacer nada para que las otras redes se enteren de ello”. O quizá sea por la falta de tiempo. O por un estado de decepción tras no haber sido escuchado. O por la impotencia lógica ante la credibilidad de ciertas plumas y medios que, en el fondo, no la merecen tanto.

Me gustaría ser tan optimista como Downes en cuanto al poder de las redes para distinguir el grano de la paja pero, por ahora, sigo pasando demasiadas horas al día verificando datos, completando informaciones a medias, escribiendo comentarios… Por si fuera poco, la información original muchas veces desaparece y lo que queda son las interpretaciones, las discusiones, las traducciones que el original generó.

Pero quizá esto último no importe tanto. Al fin y al cabo, no se trata de algo exclusivo de esta época. Como tampoco lo es que nos empeñemos en aprender y enseñar a cuestionar la información, a leer, a ser creativos y a pensar.

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Dedicado a Irene y a Nieves, miembros fundadores de una de mis primeras redes sociales, quienes sin duda sonreirán cuando lean cuánto uso la palabra cotejar en este artículo, y a Abel y a Pedro, también miembros fundadores, pero de otra red distinta, por hacerme partícipe de sus ideas sobre lo que es la realidad para ellos.

5 comentarios:

eL MAQUINISTA... Jesús Galera Peral dijo...

Como ya sabrás yo tengo un blog sobre títeres, marionetas y sombras. Las publicaciones en castellano en este campo suelen ser muy flojas o sencillamente brillan por su ausencia. No pasa lo mismo con las publicacones en francés o inglés. Cuando comence mi blog la intención era, más que dar a conocer, intentar que se entendieran algunas claves sobre los títeres en otras culturas y sobre todo la importancia que se le concede social y teatralmente a esta manifestación escénica. En principio me base en la poca bibliografía escrita que tenía, pero después descubrí que había bastante información colgada en la red sobre este mundo (sobre todo en ingñes y francés). Todo lo que ido colgando lo he traducido con traductores automáticos de los dos idiomas y h ido dándole el sentido más coherente que he encontrado ¿responden a la realidad y son exactos los contenidos que público? evidentemente no, por dos razones: no soy un experto en la materia (aunque terminaré siéndolo) y he cotejado lo publicado en la medida de mis fuerzas (que no son muchas) ¿Voy consiguiendo parte de mi objetivo central? Creo que por una parte sí, pues día a día veo como mucha gente se acerca a mi blog a recoger información y allí se le da una respuesta en la que se le advierte sobre su exactitud y veracidad (dándole la fuente de donde se extrae la información); ahora bien, evidentemente por otra parte no, pues no he conseguido que las traducciones sean todo lo exactas que deberían ser y algunos de los contenidos no estan comprobados al menos en tres o cuatro sitios diferentes (suelo, salvo en algunos tipos porque no existe, comprobar los datos que obtengo de la red por lo menos de tres o cuatro páginas diferentes y si puedo de algún libro, pero esto es más difícil)Esa es mi experiencia, yo creo que cotejar la información es muy difícil, pero si alguien tiene curiosidad le ayuda no a encontrar algunas respuestas pero si caminos dónde encontralas. Un saludo, Jesús.

eRoman dijo...

Gracias por compartir tu experiencia como "cotejador" con nosotros. Entiendo perfectamente lo que dices y me parece muy razonable el método que utilizas para difundir a través de la red el conocimiento sobre el fascinante mundo de los títeres.

Evidentemente nadie puede ir cotejando toda la información que recibe, y posteriormente puede llegar a emitir, a lo largo del día. Además como no somos máquinas, es lógico que en cualquier acto de comunicación aparezcan características atribuibles a la subjetividad y a la interpretación personal.

Eso no quita para que estemos siempre con los ojos bien abiertos y desarrollemos esa capacidad de cuestionarnos lo que leemos, vemos y escuchamos de la que hablaba Downes en su charla. Debemos evitar confundir cantidad con calidad, y luchar para que las voces menos representadas encuentren un canal para expresarse y ser escuchadas. A veces creo que nos creemos demasiado esto de la igualdad de oportunidades que brinda Internet para la expresión y la difusión del conocimiento. Es cierto que Internet abre puertas pero todavía hay muchísimas esperando a ser abiertas.

Saludos desde el desierto... aunque ya por pocas horas.

Dolors C. dijo...

Te felicito Jesús por tu labor y por la valentía de explicar tu método de trabajo.
Sinceramente, yo prrfiero que alguien me aporte información meditada que traducción literalmente -a veces sin demasido sentido-.
El trabajo que haces supone un verdadero ejercicio de crítica y filtrado, aconsejable para otros muchos que si dominan el idioma y que creen que esto ya es suficiente.
¿Fidelidad en relación al original? Bueno, si mencionas la fuente, quien lo desee puede acceder a ella y comprobar, pero aademás aportas un valor añadido que no está en el original.
Reitero mis mi más sincera felicitación.

Carlos G. Casares dijo...

Hola Esperanza:
Me quedo con una de tus últimas frase: "Pero quizá esto último no importe tanto. Al fin y al cabo, no se trata de algo exclusivo de esta época".
Ayer leyendo el Emile de Rousseau (1759), por una página abierta al azar me encontre con esto: "Comment votre enfant connaître-t-il les hommes, s´il ne sait ni juger leurs jugements ni démêler leurs erreurs? C´est un mal de savoir ce qu´ils pensent, quand on ignore si ce qu´ils pensent est vrai ou faux."
(Perdón por la pedantería de ponerlo en francés).
De modo que distinguir la verdad de la mentira no es sólo cuestión de redes es cuestión de individuos críticos. La única red válida es una que este constituida por estos individuos. Por tanto antes que saber lo que los demás opinan hay que ser capaz de generar una opinión propia (temporal e incompleta pero propia). Si no estamos vendidos, somos masa potencial, carne de cañón. En un mundo tecnológico "conectivista" la educación crítica "individual" es una necesidad básica y urgente.
Gracias por tu post.

asanchezgil dijo...

Veo muy importante esta reflexión Esperanza,pues tal como ocurre en Sinuhé El Egipcio, para una mayoría de gente, todo lo que está escrito es verdad,posteriormente se aplicó a la radio, luego a la TV y por último a Internet.
Como esta novela la leí por primera vez cuando tenía 15 años, aprendí bastante temprano a ser crítico con todo lo que leía, lo cual no quiere decir que no me la puedan colar en cualquier momento.
Esto me ha llevado a cierto retorcimiento mental que me hace leer entre líneas cuando el autor me resulta sospechoso de partidismo, corporativismo, "religiosismo", etc.
Al final resulta que me siento bastante inseguro de lo que leo y de lo que interpreto. Todo lo contrario de lo que me pasaba cuando tenía 20 años en que mis conclusiones eran "verdad absoluta" y no tenía duda alguna.
De cualquier forma, si lo que leemos tiene relación con las ciencias, es relativamente fácil cotejar con otros autores, pero en lo que se refiere a las Bellas Artes, donde las visiones son subjetivas y no siempre honestas, por los diferentes intereses que hay en juego, la cosa se complica bastante y, desde luego, si no tienes unos conocimientos mínimos del tema, de seguro que te meten gato por liebre.

Un abrazo