Esta semana en el
curso de Experto en E-learning que ya he mencionado más de una vez por aquí estamos reflexionando sobre la brecha digital generacional. Para preparar la discusión he creado
una encuesta, que está también abierta a todos aquellos lectores de Corto y cambio que quieran compartir sus opiniones sobre el tema con nosotros.
En cualquier caso, no creo que nadie dude de que existen diferencias entre cómo las distintas generaciones acceden a la información digital, la recomponen y la reutilizan (el que no se lo crea, que mire la siguiente monada digital que
Sacha Chua, una integrante de la Generación Y, hizo con una Nintendo DS).

Sin embargo, todavía nadie tiene muy claro cuál es la mejor forma de encauzar en la enseñanza estas habilidades tecnológicas que tienen muchos de nuestros estudiantes. A mí me preocupa en este contexto que a veces se pase por alto datos tan importantes como el hecho de que haber nacido en un determinado año no es una garantía de haber adquirido una alfabetización tecnológica suficiente. También es frecuente que se piense que la juventud maneja todas las herramientas tecnológicas a la perfección y que le interesa usarlas para aprender. Nada más lejos de la realidad. El grado de penetración de las distintas herramientas "de moda" es muy dispar y, como queda reflejado en el
gráfico de arriba, es todavía bastante bajo en categorías tan relevantes para la web social como la sindicación de contenidos y el etiquetado, incluso en los Estados Unidos. En otros países las tendencias son similares (como se puede apreciar utilizando la
herramienta desarrollada por Forrester para determinar el perfil tecnográfico de segmentos concretos de la población).
Sea cual sea la longitud de la brecha que nos separa, la realidad es que muchos docentes se sienten intimidados ante la posibilidad de utilizar en sus clases herramientas que no conocen (o que creen no conocer) tan bien como sus alumnos. Este factor, unido a la falta de tiempo y recursos, obstaculiza sobremanera la introducción de la tecnología en el aula, con lo que la brecha digital entre el mundo real y los centros escolares se hace todavía más grande.
¿Hay manera de romper ese círculo vicioso?