En casa siempre hubo libros. Algunos procedían del Círculo de Lectores o de la Biblioteca Básica Salvat. Otros de ropavejeros. Los más, de un bibliobús que todas las semanas se estacionaba durante un par de horas al final de la calle en la que vivíamos. Éramos cinco en mi familia, así que podíamos sacar diez libros todas las semanas. ¿O serían quince? La memoria me falla. Eran los años setenta.
Pero lo que sí recuerdo perfectamente es la fabulosa sensación que sentía al subir a ese autobús azul que, aunque pequeño, a mí me parecía inmenso. Mi madre nos llevaba a la parada antes de que llegara el bibliobús, por lo que casi siempre éramos los primeros en subir. Devolvíamos los libros; el bibliobusero
localizaba nuestras fichas en su archivo, quitando pausadamente el clip con las tarjetas de registro que, acto seguido, volvía a colocar en la bolsita de cada uno de los libros. Ya podíamos buscar nuevas lecturas para la siguiente semana. Creo no estar equivocada si afirmo que todo el inventario de esa pequeña fábrica de sueños rodante pasó alguna vez por casa. Había de todo y leímos de todo.
Ahora, filóloga y con muchos años de lectura a mis espaldas, sigo sintiendo el mismo placer que antaño cuando estoy en una biblioteca. Las que visito ahora ya no son estrechas, ni alargadas, ni tienen ruedas. Sus catálogos están digitalizados y hasta muchos de sus libros se pueden consultar directamente por Internet. Pero lo más importante no ha cambiado: las bibliotecas están llenas de tesoros que quieren ser descubiertos. Ninguno es igual: algunos los han leído miles de personas; otros, siguen esperando su oportunidad. Y si esa oportunidad se la da un niño, mucho mejor todavía, porque la mayor ilusión que tiene un libro es que lo abran con cariño unas manos curiosas y lo lean sin descanso unos ojos con pasión.
Como los míos. Como los tuyos.
¡Feliz Día del Libro!
Foto: http://vieki.blogspot.com/2011/05/el-bibliobus.html
Reflexiones made in USA sobre el impacto de la Web social en el elearning y en la investigación combinadas con humor, ironía y literatura.
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23 de abril de 2012
24 de abril de 2008
Por una mirada, un mundo
Hoy leo lo que David Warlick comenta sobre lo que Ian Jukes dijo (luego pasa lo que pasa) en la Congreso Anual de la Virtual School Society of British Columbia acerca de las diferencias entre nativos e inmigrantes digitales. Es un artículo breve y escrito a la carrera durante una de las sesiones del congreso pero me ha conducido a una serie de estudios realizados por Jacob Nielsen sobre qué atrae la atención de nuestros ojos cuando estamos leyendo páginas web.
Según lo que dice Warlick que dijo Jukes, los jóvenes leen en forma de F y las personas más talluditas, en forma de Z. Los estudios de Nielsen muestran que casi todo el mundo lee en forma de F cuando lee páginas Web (unos más deprisa que otros, claro). No sólo eso: la mayoría de los lectores no se fijan en la publicidad y evitan fijar la mirada en cualquier cosa que, debido a su formato, se asemeje a un anuncio. Tampoco parece que los vídeos con cabezas parlantes atraigan excesivamente nuestra atención ni que las fotografías tengan demasiada relevancia.
Tan interesantes como los resultados de los estudios de Nielsen son las fotografías que consigue mediante su equipo de seguimiento de los ojos (eye tracking).
¡Cuánto daría más de uno por saber en qué se fija la gente cuando accede a su blog o a su sitio web! Por los 9.000 dólares que cobra Nielsen por impartir su seminario Fundamental Guidelines for Web Usability de un día de duración, me imagino que será posible averiguarlo.
Según lo que dice Warlick que dijo Jukes, los jóvenes leen en forma de F y las personas más talluditas, en forma de Z. Los estudios de Nielsen muestran que casi todo el mundo lee en forma de F cuando lee páginas Web (unos más deprisa que otros, claro). No sólo eso: la mayoría de los lectores no se fijan en la publicidad y evitan fijar la mirada en cualquier cosa que, debido a su formato, se asemeje a un anuncio. Tampoco parece que los vídeos con cabezas parlantes atraigan excesivamente nuestra atención ni que las fotografías tengan demasiada relevancia.
¡Cuánto daría más de uno por saber en qué se fija la gente cuando accede a su blog o a su sitio web! Por los 9.000 dólares que cobra Nielsen por impartir su seminario Fundamental Guidelines for Web Usability de un día de duración, me imagino que será posible averiguarlo.
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